• Document: Isabel Allende. La Suma de los Días
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Isabel Allende La Suma de los Días 2 El papel utilizado para la impresión de este libro ha sido fabricado a partir de madera procedente de bosques y plantaciones gestionadas con los más altos estándares ambientales, lo que garantiza una explotación de los recursos sostenible con el medio ambiente y beneficiosa para las personas. Por este motivo, Greenpeace acredita que este libro cumple los requisitos ambientales y sociales necesarios para ser considerado un libro «amigo de los bosques». El proyecto «libros amigos de los bosques» promueve la conservación y el uso sostenible de los bosques, en especial de los bosques primarios, los últimos bosques vírgenes del planeta. Primera edición: agosto, 2007 2007, Isabel Allende 2007, Random House Mondadori, S. A. Travessera de Gracia, 47-49. 08021 Barcelona Quedan prohibidos, dentro de los límites establecidos en la ley y bajo los apercibimientos legalmente previstos, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, ya sea electrónico o mecánico, el tratamiento informático, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. Printed in Spain - Impreso en España ISBN: 978-84-01-34191-5 Depósito legal: M. 29.950-2007 Fotocomposición: Lozano Faisano, S. L. (L'Hospitalet) Impreso y encuadernado en Mateu-Cromo L341915 3 ÍNDICE La musa caprichosa del amanecer PRIMERA PARTE Las aguas más oscuras Cada vida, un folletín Un alma antigua viene de visita Un nido para Sabrina Gitana de corazón El poderoso círculo de las brujas Días de luz y de luto Una nuera peculiar Té verde para la tristeza Una niña con tres madres Minúsculos milagros cotidianos Marihuana y silicona El ángel de la muerte Vida en familia Mensajes Cuatro minutos de fama El malvado Santa Claus Un peñasco enorme Baile de salón y chocolate Locos bajitos Lagarto Emplumado Camarada de ruta El pozo vacío ¿Quién quiere una niña? Una voz en el palacio Nada que agradecer Vientos adversos Pero seguimos navegando Una tribu muy vapuleada SEGUNDA PARTE Empieza el otoño En malas manos En busca de una novia Cinco balazos Oficio de celestina Suegra infernal Lori entra por la puerta ancha Los jinetes de Mongolia Una boda memorable A China tras el amor Tiempos de tormenta Otra casa para los espíritus Al correr de la pluma El laberinto de las penas Esposa por encargo Magia para los nietos El imperio del terror 4 Juliette y los niños griegos Jason y Judy Las madres budistas El enano pervertido Oraciones El Dragón de Oro Misión desastrosa Yemayá y la fertilidad Tráfico de órganos Los niños que no vinieron Striptease Mi escritor favorito Una pareja burguesa Mellizas y monedas de oro Doña Inés y El Zorro El verano Ritos de iniciación Amor prohibido La Abuela se va contigo Reflexiones La tribu reunida Hora de descansar Un lugar callado 5 LA MUSA CAPRICHOSA DEL AMANECER No falta drama en mi vida, me sobra material de circo para escribir, pero de todos modos llego ansiosa al 7 de enero. Anoche no pude dormir, nos golpeó la tormenta, el viento rugía entre los robles y vapuleaba las ventanas de la casa, culminación del diluvio bíblico de las recientes semanas. Algunos barrios del condado se inundaron, los bomberos no dieron abasto para responder a tan soberano desastre y los vecinos salieron a la calle, sumergidos hasta la cintura, para salvar lo que se pudiera del torrente. Los muebles navegaban por las avenidas principales y algunas mascotas ofuscadas esperaban a sus amos sobre los techos de los coches hundidos, mientras los reporteros captaban desde los helicópteros las escenas de este invierno de California, que parecía huracán en Louisiana. En algunos barrios no se pudo circular durante un par de días, y cuando por fin escampó y se vio la magnitud del estropicio, trajeron cuadrillas de inmigrantes latinos que se dieron a la tarea de extraer el agua con bombas y los escombros a mano. Nuestra casa, encaramada en una colina, recibe de frente el azote del viento, que doblega las palmeras y a veces arranca de cuajo los árboles más orgullosos, aquellos que no inclinan la cerviz, pero se libra de las inundaciones. A veces, en la cúspide del vendaval, se levantan olas caprichosas que anegan el único camino de acceso; entonces, atrapados, observamos desde arriba el espectáculo inusitado de la bahía enfurecida. Me gusta el recogimiento obligado del invierno. Vivo en el condado de Marin, al norte de San Francisco, a veinte minutos del puente del Golden Gate, entre cerros dorados en verano y color esmeralda en invierno, en la orilla oeste de la inmensa bahía. En un día claro podemos ver a lo lejos otros dos puentes, el perfil difuso de los puertos de Oakland y San Francisco, los pesados barcos de carga, cientos de botes de vela y las gaviotas, como blancos pañuelos.

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